Zelaya, Nasralla y los empresarios

Desde 2008 atravesamos, una crisis de respeto a la autoridad. Que si no la resolvemos, puede destruir la estabilidad lograda hasta ahora. Y alterar, profundamente, el estado de derecho. Lo ocurrido el viernes, anticipa los peores pronósticos; y confirma que Zelaya y Nasralla, están dispuestos a destruir la legalidad vigente, arruinar a la empresa privada y empobrecer a Honduras, con tal de hacerse del poder. Nunca habíamos visto a un expresidente, encabezando una manifestación violenta, con una falsa máscara antigás, caminando en forma vacilante, ayudado por dos guardaespaldas. Y mostrando su incipiente barriga descontrolada. Antes Suazo Córdova, en otras circunstancias, enseñó sus vergüenzas a un periodista extranjero, para demostrarle que no era cierto que le habían dado de tiros en una pelea conyugal. Pero ahora es Zelaya, que sin tomar en consideración el papel que como exgobernante debe desempeñar en la unidad de los hondureños y en la conservación del prestigio de la nación, el que encabeza una manifestación vandálica, deshonrando lo mejor que ha construido el imaginario popular. Y, comprometiendo seriamente, su capacidad de líder de un movimiento político que pretende asaltar, por la fuerza, el poder que según él, perdió en forma injusta e ilegal.

 

Pero no todo es negativo. También creo que, aunque Zelaya llegó con una inútil máscara antigases lacrimógenos, –haciendo el ridículo, porque un líder de verdad no se expone en la forma que lo hiciera, en las manifestaciones violentas del viernes pasado– mostró sus reales intenciones. Es obvio que, dentro de la manifestación que se había anunciado pacífica, hay fuerzas de choque organizadas, portando salveques cargados de piedras, que operan como grupos violentos. La furia con que la emprendieron en contra de las empresas estadounidenses de los alrededores de la “Casa Presidencial”, confirma además, que la violencia no solo está orientada a la toma de poder, sino que además, a afectar las relaciones de Honduras con los empresarios extranjeros y con el gobierno de los Estados Unidos. Confirmando que Nasralla y Zelaya, no tienen confianza; ni respeto por la empresa privada que, por los maltratos recibidos por JOH, durante el ordenamiento fiscal, había creído que “el enemigo de su enemigo, era su amigo”. El ataque a las oficinas del COHEP, no tiene sentido, excepto que se trate de expresiones anarquistas que los dos líderes antisistema, no tienen capacidad de controlar. O que, las usen como fórmula para amedrentar a los empresarios que, han creído que Nasralla es uno de los suyos.

 

No hay duda que el escenario, no ofrece esperanzas. Y que, nos obliga a todos –con la excepción de los que desean hacerle daño al país y empobrecer a la población más débil del mismo– a definirnos en forma clara: en favor del frágil estado de derecho; o por la violencia que destruya la legalidad y haga caer al país en la vorágine de la guerra civil. Los encapuchados de ayer, que se entrenaron en la UNAH, en la innecesaria confrontación que alimentara Julieta Castellanos y a la que nadie le dio importancia, pese a las llamadas de atención que le hiciéramos, no tienen otra finalidad, que destruir, todo lo que esté en pie, para que los avances, magros y en algunos casos microscópicos que hemos logrado, se detengan y llenen de vergüenza a nuestro país. Pero, si son grupos de choque de Zelaya, Nasralla y Guillermito Valle, nos están indicando hacia donde nos quieren llevar. Lo que inevitablemente, obligará a que nos definamos –no tanto en favor o en contra de JOH–, sino entre el estado de derecho, la estabilidad y la paz de Honduras. O la guerra civil.

 

Nasralla, es producto de la empresa privada. Televicentro, es responsable de sus éxitos deportivos y de sus errores políticos. Por más que se quiera evitar, no se puede pasar por alto que Nasralla, proviene del mundo empresarial. Y que, parte del mismo, le ha ofrecido hasta ahora, apoyo emocional. E incluso recursos. Que, inevitablemente, ante los hechos en contra del Marriot, tienen que revisar si es conveniente seguir alimentando a este nuevo “Leviatan”, que no engaña a nadie. Simplemente, anuncia que si logra el poder, a los empresarios privados, les destruirá sus bienes: Y les echará a correr.

 

Por Juan Ramón Martínez