Se fueron creyendo que México les dará visa

 

Estaba sentado en su silla de ruedas. En sus piernas cargaba una pequeña mochila. Con su rostro triste y desencajado con­tó que tiene 20 años de ser disca­pacitado.

 

 

Un día, mientras bañaba, ac­cidentalmente se golpeó la es­palda, lo que le trajo lesiones que hoy impiden su desempeño nor­mal en la mayor parte de los ám­bitos de la vida.

 

 

Sergio Cáceres es originario de Villanueva, Cortés y es parte de la caravana conformada por unos 1,500 migrantes catrachos que el sábado pasado salieron de la gran terminal de buses de San Pedro Sula hacia Estados Unidos, con la esperanza de recibir todo el res­paldo en México.

 

 

Motivado por todo lo que ha escuchado sobre el país de las oportunidades, sintió empujo­nes que alentaron su partida sin tener claros los riesgos. Su deseo de volver a ser como antes lo en­vuelve en una sola misión: llegar a EE.UU. a pedir ayuda para la ci­rugía que necesita para poder ca­minar.

 

 

“No tengo dinero para que me operen. Tengo 40 años de edad y la mitad de ese tiempo lo he pa­sado en esta silla. Por eso decidí unirme para ver si me apoyan. Lo único que llevo es un poquito de ropa y unas bolsitas de agua”.

 

 

A Sergio lo acompañan unos 300 niños, cuyos padres y demás familiares demandan trabajos. Al­gunos se quejan por llevar años viviendo con el desempleo.

 

 

Al principio todos caminaron a pie desde la gran terminal hasta Cofradía, donde se detienen por unas horas. Luego, abordaron un bus que los llevó a Santa Rosa de Copán, para partir a Ocotepeque. Después se trasladaron a la fron­tera de Agua Caliente, donde per­manecían anoche. La aduana es­tá ubicada a unos 10 kilómetros de la ciudad de Ocotopeque. Este lunes esperan cruzar para ir a tie­rras chapinas.

 

 

Según los organizadores, espe­ran llegar el próximo viernes pa­ra continuar su ruta hacia tierras aztecas y después alcanzar el ob­jetivo: Estados Unidos.

 

“VAMOS POR LA VISA HUMANITARIA”

“En La Ceiba nos reunimos ca­si 600 personas para juntarnos en San Pedro Sula. Mi decisión se de­be a que no tengo trabajo y tengo a mi hijo de dos años que me ne­cesita. Desde que él nació estoy sin empleo y soy madre soltera”, manifestó Keidy Medina, con su hijo en brazos. Lo necesario pa­ra el viaje, según Keidy, es la le­che del niño, algunos medicamen­tos y ropa. Todo lo lleva en su pe­queña maleta. “Para mí solo llevo unos trapitos y un poquito de di­nero que lo vamos ahorrando por alguna emergencia”, expresó.

 

 

Jesús Hernández dijo que lle­gó desde Choloma con su espo­sa y sus dos hijos. Que tiene nue­ve meses sin trabajo y que quiere ir a Estado Unidos a trabajar y su­plir sus necesidades.

 

 

Yamaly Sarmiento, quebranta­da por el llanto, comentó que ha vivido siempre en Ciudad Plane­ta (La Lima). Que se preparó en el área de belleza a través de cursos, pero que no ha podido salir ade­lante porque si no hay empleo la gente no va a arreglarse el cabe­llo ni la uñas. Por ello cree que su alternativa es viajar en busca de una oportunidad.

 

 

“Dejé a mis cuatro hijos con mi mamá. No tenía ni para el pasa­je y una vecina me lo regaló. Lle­vo la esperanza de que en Méxi­co nos den visa humanitaria para no sufrir tanto en el camino”, de­claró Yamaly.

 

 

Luis Caballero, de 65 años de edad, confesó que hace varios años se vino a pie desde Santa Rosa de Copán hacia San Pedro Sula en busca de trabajo. Haber­se unido a la caravana le recuerda esa experiencia. Aseguró que se siente muy fuerte para hacer todo el viaje. “He trabajado en la cons­trucción y aún estoy fuerte para hacerlo. Conmigo solo llevo ro­pa, me siento muy saludable, oja­lá nos vaya bien. Aquí dejo a dos hijos que ni les dije que me voy. A nadie le avisé”, expresó.

 

 

POLÍTICO

El exdiputado del Partido Li­bertad y Refundación (Libre), Bartolo Fuentes, es uno de los or­ganizadores de la caravana. Di­jo que no hay de qué extrañarse porque a diario se van más de 300 personas. Y que si van tantas es porque el acumulado es de una semana.

 

 

“La meta es llegar a Tapachu­la, México y ahí solicitar al gobier­no mexicano protección en cali­dad de refugiados. El interés de algunos es llegar a EE.UU., pero otros dicen que se quedarán en México”. Los vídeos en redes so­ciales evidencian desesperación por tanto calor y cansancio.

 

 

“Paremos, hombre. Paremos”, se escucha. Sin embargo, nadie les hace caso.

 

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