Sacar a JOH

Ciertos personajes políticos de oposición están cayendo en la vulgaridad en los ataques personales y descalificadores al presidente Juan Orlando Hernández. Nadie niega algunas de las críticas al mandatario son reales, pero otras muchas son superficiales, medias verdades o simples tonteras, por lo que aportan poco al debate nacional.

 

Una oposición inteligente, que critique y proponga, coherente entre  lo que dice y hace, ayudaría mucho al país, a la búsqueda de alternativas. Obligaría al gobierno a enmendar sus errores o a no tomar ciertas decisiones que tanto nos afectan a todos. Pero lamentablemente no es lo que tenemos en la actual gestión del gobierno.

 

Los últimos años hemos tenido políticos de oposición sin propuestas, sin planteamientos alternativos a los del actual mandatario que lo hagan ver mal. Honduras requiere soluciones concretas, viables y no demagógicas. Centrar la campaña electoral solo en decir “fuera JOH” es muy pobre, no será suficiente para sacar al actual presidente del poder, hace falta algo más que eso, más sustancia, más pensamiento. La mayoría de los votantes pensantes, independientes de verdad, deciden votar por los que logran cautivarlos con sus ideas, no los mueve los insultos personales.

 

Hace pocos días decía un analista político que a la gente le gusta oír que insulte al Presidente y que por eso algunos líderes lo hacen, para ganar adeptos, sí, lo sé, veo en las redes sociales, en los medios de comunicación o en conversaciones de calle que hay algunos compatriotas que utilizan la vulgaridad y la rabia como arma política.

 

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Creo que son minorías, la mayoría de personas que se identifican con los partidos de a oposición son gente sensata.

 

Nunca voy a estar contra la oposición, porque es consustancial a la democracia, es legítima, muy necesaria y contribuye a bien gobernar. Por ello, a todos los políticos debemos exigirles seriedad, dignificar la actividad política, no hacer circo ni charlatanería vacía, solo para satisfacer el morbo o los bajos instintos de unos pocos, porque eso nos daña a todos.

Por Edgardo Rodriguez 

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