Poniendo quejas

“Ya vas a ver, le voy a contar a mi mamá”. Amenaza para poner en evidencia a otra persona, para que sea reprendida o castigada. Entre adultos es queja de múltiples variantes que escuchamos cuando no podemos detener o modificar lo que parece incorrecto y recurrimos a contarlo a segundos y terceros para que resuelvan lo que nosotros no podemos. Por inútiles cizañeros.

 

Los politiqueros que no tienen ni asomo de ciencia y menos sapiencia ya cansan con esos dimes y diretes de nunca acabar. Entretienen a sus arreados que menos saben ni pueden y al distraerlos buscan cómo acomodar sus intereses, que no son de la colectividad que dicen representar, para mantener vigencia en su futuro cercano. El lloriqueo es por su incapacidad de convencer con sus alegatos de ciudadanos creíbles por responsables y respetuosos de la ley. Que también han violado. “Que tire la primera piedra el que se sienta limpio de pecado”. Y nadie lo hace porque todos tienen techo de vidrio y están embarrados de la misma irregularidad o ilegalidad que denuncian con cara de yo no fui.

 

“Hombres necios que acusáis…sin ver que sois la razón de lo mismo que culpáis”. El cobarde lanza la piedra y esconde la mano para que otro, el papo que nunca falta, la recoja y haga el despelote o para que el abyecto remache los cuestionamientos del “líder” hablador y azuzador sin mostrar pena por su decadente e inescrupulosa condición rastrera.

 

Desde siempre la embajada norteamericana ha sido además de un muro de lamentos, la sede donde son llamados por el embajador nuestros despersonalizados dirigentes a informar, responder hasta acusar a connacionales y recibir pautas de comportamiento acordes al gusto del foráneo procónsul. Todos los que se sienten líderes han sido, son y serán politicastros, ineptos o de ruines propósitos, que hablan mal del que manda y obedecen a pies juntillas sus dictados. Pusilánimes a más no poder. ¿Ejemplos? Mel los desprecia con sus expresiones y con sus acciones aprecia, ahora que ahorró, las botas, sombreros, motos y otras comodidades que critica sin dejarlas.

 

Además no falla al deguste de las viandas en la misión diplomática. Nasralla, sin ocultar su vodevil maquillaje facial, se dice izquierdista siendo consumado consumidor derechista, lloriquea lo que no defiende como hombre ni como inteligente. “Fui a denunciar el fraude y corrupción del dictador”. Pobre saltimbanqui sin agudeza.

 

“No nos van a resolver los problemas pero hay que denunciarlos”, dice el inequívoco Luis Orlando haciéndose acompañar por los que destruyeron su partido y violentaron la constitución. “El que miente necesita tener buena memoria”. Descreída hombría.

 

Otros balandrones se quejan con “tío Sam” dañando al pueblo merecedor de ciudadanos serios probados en gallardía y honestidad sin esa cobarde perogrullada. ¿Por qué ir a Estados Unidos a poner la queja del supuesto mal proceder del gobernante reeleccionista? ¿No es eso incapacidad temeraria y demostrada falta de cojones para enfrentar los ilícitos que denuncian? ¿Dónde está el coraje que aparentan en sus peroratas como patrioteros de esta Honduras aún libre y dizque soberana? ¿Por qué si es ilegal la reelección la avalan participando en ella? Arrogantes para el chismorreo, para criticar y descalificar sin solucionar ni demostrar su verdad y respeto a la ley.

 

Quieren ganar sin mojarse el trasero y sin importarles un carajo desprestigian nuestra patria ante extraños con la facilidad del tramposo que ya entrampado trama otro drama para curarse en salud.

 

Por Gaspar Vallecillo Molina