Nasralla, figura mediática

El que Salvador Nasralla sea el candidato de Libre, sin amurrar siquiera la cara, confirma que, es un hombre que, vive para el espectáculo. Sin posturas definidas, principios claros, –como actor–, está entrenado para cumplir papeles, actuando en un momento como héroe, y en otros de villano, a cara descubierta. Y anunciando que la política, el arte de lo posible, en que incluso,  lo más inesperado, puede ganar las próximas elecciones. Aunque desde la declaración de Toncontín se habló de una alianza política para derrotar a JOH, nadie se imaginó que Zelaya Rosales tendría la flexibilidad de ceder el espacio suyo y el de su esposa, para buscar incomodar las aspiraciones del Partido Nacional para lograr, sin recurrir a la violencia formal, un tercer período presidencial. Y mucho menos que, su candidato fuera el más díscolo y apasionado: Salvador Nasralla.

 

Ahora Libre se presenta ante el electorado con una nueva cara, aunque sus bases sigan siendo las mismas y, sus visiones de la realidad, matizadas por un socialismo del siglo XXI, venido a menos; pero que provoca esperanzas entre algunos sectores pobres. Y obliga –con la táctica de Zelaya y la disposición de Nasralla–, a modificar las estrategias políticas del PN y del Partido Liberal. Más de este último, porque JOH y su gente, pareciera estar aproximándose a un triunfalismo en el que, nada de lo que ocurra en lo externo, preocupa o inquieta, porque todo lo tienen asegurado, después de las internas en que fueron el partido más votado. Libre y su candidato prestado, pueden inquietar mucho al Partido Liberal, especialmente si Nasralla, le arrebata el tema que creemos que movilizará el electorado: la oposición a la reelección presidencial de JOH. Nasralla ha demostrado que vale por él mismo. No importa en el partido que sea, porque su figura mediática, no deja indiferente a nadie. Es capaz de movilizar a los sectores más tibios del electorado. La pelea por el PAC, confirmó que este partido nunca fue más que una banda, detrás de un caudillo valorado por una parte del electorado, que desde su visibilidad televisiva, era capaz de hacer milagros en religión, y provocar sobresaltos en política.

 

Sin embargo, Nasralla no las tiene todas consigo. La imprevisibilidad suya, su comportamiento errático y su falta de compromiso con las posiciones políticas e incluso con las posturas morales, pueden afectarle en esta nueva etapa de su vida. Además, carga sobre sus espaldas a Zelaya Rosales, cuyo rechazo y desconfianza, es notorio en gran parte del electorado. Y como no tendrá la forma de aislarlo de la vida política –porque es el dueño de Libre– la única opción que le queda, es agigantar su figura para anularlo en el imaginario popular. Por ello es que defiende a Maduro de Venezuela, critica a los medios de prensa que atacan al venezolano; y está dispuesto, con un solo empujoncito, a pasar de la democracia al autoritarismo dictatorial, que tan bien le sienta a algunas partes del electorado. Y que él, culturalmente, puede asumir.

 

Además Nasralla tiene un flanco débil. JOH puede usarlo, en forma directa; o por medio de Zelaya Rosales, como un espantapájaros que asuste a la clase media, preocupe a los capitalistas e incluso, coloque en su contra a su gran aliado, Rafael Ferrari. Zelaya Rosales, además, puede pactar la cabeza de Nasralla con JOH, porque le interesa más que el poder, su seguridad. Zelaya Rosales es un realista  político,  que, en defensa de sus intereses, puede entregarle su cabeza a cualquiera. Nasralla, además tiene muy poco respaldo en Libre. De modo que está solo y no podrá evitar que su candidatura sea instrumentada a favor de JOH. E incluso, por Luis Zelaya, si este lograra usar la no reelección y transmitirles a los liberales, y a los que todavía creen en Zelaya Rosales, que puede derrotar a JOH.

 

Como lobo solitario, Nasralla será el comodín de Zelaya Rosales para oxigenar a Libre; de JOH, si lo convierte en un peligro para los más asustados que crean que solo él, puede neutralizarlo. E incluso de  Luis Zelaya, si este, desarrolla  talento especial para aprovechar las coyunturas que provocan las indecisiones, entre los electores. Tendrá Nasralla que volverse un gran demócrata, para lograr buenos resultados electorales. Y ello, no es fácil, con su inestable temperamento.

 

Por Juan Ramón Martínez