Los candidatos de noviembre

Demostrado por primera vez en mucho tiempo, que Zelaya Rosales cumple su palabra, Salvador Nasralla, sin el PAC, es el candidato de una alianza frágil, en la frontera de la irrealidad. En verdad, Nasralla ha prestado su nombre, para ser candidato de Libre, en una apuesta arriesgada, en la que este partido, pretende disimular su disminución de respaldo popular y  de tener, amparado en una supuesta popularidad de Nasralla, –que ha perdido la calidad sorpresiva de las pasadas elecciones–, el efecto tóxico del deterioro. Al tiempo que, da una voltereta, confirmando que no tiene posturas definidas, que busca, como sea, el poder. Y al precio que sea. Al frente, teóricamente por lo menos, los dos partidos tradicionales: el Partido Nacional, el más fuerte y que participa en la campaña con mejor organización, con respaldo gubernamental y legitimado por las fuerzas políticas, busca la reelección,  y el Partido Liberal, encabezado por Luis Zelaya, que es el político  que, pronto ha aprendido a hablar de sí mismo, en tercera persona, como caudillo inseguro, segunda fuerza política que busca regresar al poder del país. Igual que en las pasadas elecciones, los hondureños tendrán tres opciones para escoger: la continuidad de JOH, la inexperiencia de Luis Zelaya Sarmiento y la vocación circense, –ahora transformado en muñeco en manos del ventrílocuo Zelaya Rosales–, de Salvador Nasralla.

 

JOH, no ofrece sorpresas. Continuará haciendo lo que hasta ahora, frenando la criminalidad, impulsando megaproyectos y buscando la forma de crear empleo,  rectificando las medidas económicas que, para obedecerle al FMI, le ha enajenado la voluntad de una parte de la empresa privada. Y le ha hecho perder, un segmento de la juventud que había visto en su gestión, la esperanza de lograr algún tipo de empleo. Luis Zelaya, en cambio, con su inexperiencia que no disimula, sino todo lo contrario, plantea muchas dudas. La primera de ellas es su competencia para gobernar con un partido como el Liberal, cuya característica es, la indisciplina. Hasta ahora, no ha podido atraer a Gabriela Núñez; ni lograr la bendición de Carlos Flores que, lo sigue viendo a distancia, sin mostrar una opinión siquiera sobre él. En una indiferencia que, no le habíamos visto al expresidente, misma que merece un análisis aparte. Porque nunca antes un silencio había gritado tantas cosas, como el de Carlos Flores, al darle la espalda a Zelaya. Que este, por lo demás, en su inexperiencia, considera poco importante. La segunda, no se sabe lo que hará en el poder.

 

Nasralla ha pasado de figura mediática independiente, a Pinocho en manos del ventrílocuo de la política que, sin llegar a obtener el favor del electorado –cosa que cuestionan  las encuestas– sería el que gobernaría al país, empujándolo a la inestabilidad, en vista que imitando a Nicolás  Maduro, convocaría a una Constituyente  que, la derecha, se opondría como en 2009, provocando inestabilidad, que complicaría, la recuperación  económica. Nasralla enfrenta el más fuerte reto de su carrera: engañar al ventrílocuo Zelaya Rosales y dejar de ser, el payaso de feria, volviéndose autónomo en sus posturas y decisiones. Lo que supondría, al romper con Zelaya Rosales,  una derrota ante el Partido Nacional y por supuesto, también ante el Partido Liberal. Al final de todo, Zelaya Rosales, le facilitaría el triunfo a JOH como en las dos oportunidades anteriores. Y Ahora, sacrificando a Nasralla, como lo hiciera con Santos en el 2009.

 

Cualquiera que sea la conducta que asuma –la del muñeco de feria controlado por Zelaya  o del político liberado de su tutela, quitándole las banderas de Libre y acaudillando la búsqueda de una Constituyente, cosa fácil porque no tiene compromisos democráticos– encontrará resistencias entre el electorado desilusionado con su postura saltarina, la resistencia de una fracción de Libre que teme su inestabilidad, y el rechazo de los jóvenes que sintiéndose engañados, por el antipolítico, que resultó tradicional. En manos de Zelaya Rosales hará un triste papel, porque este busca seguridad para no ser juzgado, en Honduras o los Estados Unidos. Y sin él, no logrará nada. Será fácil para JOH, neutralizarlo, usándolo más bien para dejar en la cuneta al candidato liberal, que  descubrirá que no es el hombre del triunfo. Sino que el Juan Bautista, del señor que viene atrás. Y cuyo nombre desconocemos.