Las torpezas de Luis Zelaya

 

En varias ocasiones, y en honor a la verdad, hemos planteado que los liberales siempre han sido beligerantes. La historia del liberalismo está escrita con sangre en la búsqueda de la democracia hondureña. En sus gobiernos se han promulgado leyes de impacto social que han mejorado la vida de los catrachos. El Partido Liberal ha sido mayoritario hasta la división que traidoramente le provocó Manuel Zelaya Rosales en el 2009.

 

Es por esta razón que nos causa desconcierto las actitudes del recién llegado a la política, Luis Zelaya. Su inexperiencia en este campo lo ha llevado a cometer error tras error. Surge como candidato presidencial, más por la ausencia de líderes liberales que por carisma propio. Impone o se deja imponer líderes que no gozan del favor popular a lo largo y ancho del país. Se deja manejar por Villeda que no lo orienta adecuadamente. Y se distancia de líderes de peso y de sangre joven en evidente torpeza política. Parece que desea mandar e imponer al estilo de los profesores dictatoriales, ambiente del cual surge.

 

 

Hasta el momento esa ha sido la trayectoria de Luis Zelaya, torpeza tras torpeza. Parece que no ve ni una por el bienestar del liberalismo y por ende de todos los hondureños. Es obvio que un líder debe unificar, llamar a luchar en un frente común, en este caso la unificación y consolidación del Partido Liberal, que a estas alturas ha perdido alrededor de 300 mil votos por la traición de Manuel Zelaya, que de paso su partido, Libre, va en un deteriorado descenso político.

 

 

Parece que Luis Zelaya carece de un discurso propio, unido a una superficial capacidad crítica relacionada con el acontecer político nacional. Repite como caja de resonancia lo que dicen todos aquellos que adversan a la administración nacionalista. En especial, lo que los populistas de izquierda plantean. De esa forma, ingenuamente, termina siendo un vocero de “Mel” Zelaya; o de las torpezas que sin ningún fundamento expresa a cada rato Salvador Nasralla.

 

 

Andar en el extranjero, olvidando sus deberes en el CCEPL, en poses de presidente electo, solo habla de su ingenuidad y del poco sustento político que posee. Si tuviera algún grado de madurez establecería prioridades. Aparte de consolidar al partido, haría una oposición política de peso, amparada en el profundo conocimiento de los males que aquejan a los hondureños. Pero estar peleando con los dirigentes a todo nivel, o querer sancionar a los diputados porque fueron a la toma de posesión de JOH, solo refleja su eterna torpeza y que no tiene cualidades de líder.

 

 

En estos momentos en que la patria está amenazada por los populistas de izquierda, urge revitalizar los partidos de tendencia democrática. Por lo tanto, el Partido Liberal debe fortalecerse, presentar opciones de un verdadero cambio social. Además atraer a los nuevos electores, ya que los jóvenes representan un porcentaje significativo a la hora de votar. Pero Luis Zelaya no entiende que, por sobre todas las cosas, hay que defender nuestra democracia, que aunque presente problemas, es la mejor opción de vida que tenemos los hondureños.

 

 

No se le debe olvidar a Luis Zelaya, que él es el responsable de una de las derrotas más sonadas que ha tenido el liberalismo. Lo justo es que, al darse cuenta de su fracaso, aceptara la responsabilidad que ello conlleva y renunciara de una vez y para siempre de querer seguir dirigiendo a los liberales.

 

 

En verdad, su currículum académico, en este caso, brilla por su ausencia. Es más, solo ha hecho evidente su inexperiencia en la política. Ojalá no le siga haciendo más daño al Partido Liberal y a todos los hondureños que amamos la democracia. Por favor, regrese a las aulas.

 

Por Nery Alexis Gaitán