La Alianza Opositora está destinada al fracaso

Las fisuras en el bloque opositor son una carta de fracaso de su objetivo de ganar las elecciones de noviembre, los apetitos inmoderados parecen imponerse por encima de las estrategias para arrebatarles el poder a los nacionalistas. La campaña de cara a las elecciones generales de noviembre se presenta espinosa, porque la oposición se ha desplegado en varias corrientes.

 

Los liberales, quienes se autoproclaman la opción ideológica del centro, tienen sus propios conflictos; además, decidieron dar la pelea aislados y no en un solo cuerpo con los partidos Libertad y Refundación (LIBRE), e Innovación y Unidad (PINU).

 

La mezcla LIBRE-PINU se desliza sobre un mar de confusiones derivadas de los reclamamos de un grupo de dirigentes que han sido marginados y que no encuentran cabida en las planillas unificadas de cargos a elección popular. Pero, adicionalmente, el pacto que llevó a ungir a Salvador Nasralla como su candidato, ha multiplicado los anticuerpos en el mismo seno de libres, pinuistas y ex integrantes del desintegrado Partido Anticorrupción (PAC).

 

Allegados a Nasralla insisten en que en la extremidad superior política del Frente de Resistencia, no hay voluntad para generar espacios de participación a las piezas disgregadas del PAC. Otros personajes más críticos de la emergente fuerza política, alegan que la alianza debió construirse de abajo hacia arriba y no a la inversa como ocurrió.

 

Mientras tanto, los obreros de Innovación y Unidad estiman que en el interior de su institución no hay espacios para el torrente de aspirantes que llegaron desde el PAC para incorporarse al ensamblaje político.

 

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