JOH, el único con propuestas

La actual campaña electoral ha sido hasta ahora, muy plana. Con un gran desborde de alegría, en la que evitan, por su carácter de competencia interna, agredirse dentro de cada uno de los partidos. Pareciendo, por el escaso discurso que, más bien fuese un balbuceo parvulario,  en que se trata de una competencia en la cual, todos los participantes conquistan el voto, sin propuesta. Por lo que da la impresión que fuese una campaña fuera de la realidad, sin alternativas específicas sobre los problemas que estamos viviendo en este momento. En la que Honduras y sus problemas, pareciera que no preocuparan a los candidatos.

 

La excepción de todos los candidatos es JOH. Para él y sus dos grupos  -lo que le han permitido mezclar a dos y hasta tres generaciones de políticos nacionalistas- la campaña electoral  es una cuestión seria, que sabe lo que se están jugando. Y que por ello, es el único que tiene un claro relato de la realidad – inseguridad ciudadana: poca capacidad sistémica para la creación de empleo; limitadas oportunidades populistas para enfrentar los problemas del bienestar de los hondureños, debilidad del gobierno para enfrentar por sí mismo las dificultades que ha terminado asumiendo en un centralismo peligroso; relaciones difíciles complicadas con los Estados Unidos, y riesgos ciertos de una confrontación interna en el futuro, por parte de grupos incapaces de lograr acuerdos.

 

JOH tiene ventaja, por su formación profesional, su dedicación, casi toda su vida  al servicio público y por su visión reformista. Influye en su proyección como candidato, la naturalidad con la que ha venido ejerciendo la primera magistratura de la nación. Es posiblemente después de Gálvez, Carías y Villeda, el Presidente mejor informado del país. Cuenta con datos que ninguno de los demás candidatos, que en vez de talentos, se han rodeado de figuras ansiosas de llamar la atención y salir en la fotografía. Hay otro elemento que hay que tener presente, es que Juan Orlando es un hombre que como político no se esfuerza para lucir cercano a la gente. Es muy natural. Carece de la arrogancia vacía e inculta de Zelaya y la distancia que Nasralla artificialmente tiene, como fórmula para convencernos de su superioridad. Al primero no le interesamos los críticos, más bien nos rechaza; e incluso, se rehúsa infantilmente a tomarse una simple fotografía, como ocurriera recientemente en una recepción en la embajada de México. Y el segundo, quiere que le veamos tan artificial, que nos da la impresión que no estuviera vivo. O que resucita, solo para impresionarnos, al darnos la mano. Luis Zelaya es un tímido que no ha podido mostrar sus conocimientos académicos; ni tampoco encontrar la forma de hacerle sentir a sus correligionarios que los quiere. Y que entrega su vida por ellos. Gabriela Núñez, posiblemente la más talentoso de todos los aspirantes, tiene dificultades para transformar al lenguaje común, los enormes conocimientos teóricos que tiene sobre las dificultades económicas del país. Es, finalmente entre todos los contendientes de JOH, la que cuenta potencialmente con más recursos y experiencias para confrontarlo; pero no sabe cómo usarlos.

 

El candidato del Partido Nacional, tiene a su favor, además, su exposición pública. Como mandatario de la nación, es noticia natural para los medios. El cargo, tiene un enorme simbolismo y produce entre la ciudadanía, la idea el que llega a ella, tiene méritos superiores al resto de los mortales. Pero además tiene otra ventaja que debe aprovechar en estos primeros meses de las primarias y primeros tiempos de las generales. Nadie ataca su gestión. Así como tampoco pone en entredicho la legitimidad de su candidatura. Lo que no excluye que algunas figuras de segunda línea, aprovechen para hacer uno que otro cuestionamiento. Porque cree la oposición, es derrotable en las urnas, cosa que las encuestas no parecen coincidir con lo que es, más un deseo que una apreciación de la realidad.

 

Por supuesto, JOH tiene dificultades al frente. La primera, es que, una vez pasadas las internas, la mitad de los desplazados por  los electores le den la espalda. Y el riesgo que, los que le queden, no sean los mejores. Sus contendientes lo cuestionarán. Pero este tema, será objeto de un nuevo análisis, en otro artículo que publicaremos en esta misma sección.

 

 Por: Juan Ramón Martínez