Honduras: la manipulación irresponsable del descontento social

El conflicto post-electoral que vive Honduras en estos días, es la confirmación de que el populismo se cierne como la principal amenaza a la democracia ya la estabilidad social, no sólo en América Latina sino en el mundo, y debe ser un llamado de atención para países como México, que tendrá elecciones el año próximo en medio de un ánimo social bastante similar, crispado por el sentimiento de la falta de respuestas institucionales a los problemas cotidianos de la gente.

 

El pequeño país centroamericano, con apenas 10 millones de habitantes, es un ejemplo para los analistas del sector de las finanzas internacionales, para el FMI y para el propio gobierno de los Estados Unidos, en materia de ajustes macroeconómicos y combate a la inseguridad, especialmente a la lucha contra los malos policías, las pandillas y la violencia ligada al narcotráfico.

 

Previo a la elección, importantes publicaciones especializadas como Economys & Estrategycs, Bloomberg y Forbes, destacaron el clima de estabilidad económica lograda en los últimos cuatro años por el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández, mientras que el sitio web Insigth Crime, especializado en temas de inseguridad, destaca que 2017 cerrará con una disminución del 50 por ciento en el índice de homicidios violentos por cada 100 mil habitantes, que era de 86 asesinatos en 2012.

 

Para muchos observadores en el mundo, la ruta de Honduras es la correcta: se rescata la legalidad, se pone orden en las finanzas del estado, y hay estabilidad suficiente para promover inversiones y empleo. Pero el populismo que gana terreno en el mundo y se aprovecha del descontento social que generan las reformas modernizadoras de los países en desarrollo, fue mermando la imagen pública del gobierno a partir de manipular la realidad, presionar con marchas, amenazar y destruir la reputación de los adversarios y explotar las emociones de la gente.

 

Así por ejemplo, toda la oferta política de la Alianza de Oposición y de su candidato Salvador Nasralla, un comediante de televisión con 30 años de trayectoria, sin mayor experiencia política pero comprometido con el depuesto ex presidente Manuel Zelaya, promotor del “socialismo del Siglo XXI”, se engloba en una frase que es canción, que es vídeo musical, que es leyenda en pancartas y que es grito colectivo en la calle, pero que se encuentra muy lejos de ser un planteamiento serio o un plan de futuro para el país: “Fuera JOH (Juan Orlando Hernández)”.

 

Sin más propuesta que esa, que es el equivalente al mexicanísimo “quítate tú para ponerme yo”, Nasralla logró un importante número de votos que aunque no le dieron mayoría, son de esos sufragios que el populismo cree “especiales”, algo como santificado y por tanto, de más peso; el voto “de los buenos”, el “voto honesto, no comprado” con el que exige por la vía de la protesta callejera con todo el caos que eso atañe, imponerse en las elecciones hondureñas.

 

La estrategia de los populistas para generar la situación que se vive en Honduras está ampliamente documentada: acusaron a los observadores internacionales de ser parte del fraude electoral. ¿Qué lograron con eso? A las 11 de la mañana del día de la elección, Nasralla declaraba que las encuestas de salida lo daban por ganador y nadie le dijo nada. Dijeron que el presidente quiere “perpetuarse en el poder” pero se negaron en el congreso a reglamentar la relección a un solo periodo más, como lo pidió el presidente hondureño.

 

También crearon condiciones para la sospecha en torno al resultado: pidieron por escrito al Tribunal Supremo Electoral que no diera ganador con conteos de salida ni con el sistema de transmisión de datos, sino con la suma del 100 por ciento de las actas, lo que retrasó por primera vez en la historia conocer al ganador de la elección del domingo 26 de noviembre.

 

Finalmente, cuando se terminó de contar el 100 por ciento de las actas y se supo que ganaba el oficialismo, por una ventaja de 52 mil 477 votos, equivalente a 1.60%, dijeron que hubo fraude. Primero que en mil actas que no fueron subidas al sistema. Ahora dice que el fraude está en otras 5 mil actas y pide contarlas, no tanto para transparentar, sino para alargar la incertidumbre que afecta al ganador.

 

El populismo hondureño no va a quedar satisfecho con nada. Nasralla acusa que en ese país se vive una dictadura, pero crea las condiciones para el caos, alentando el golpismo al invitar públicamente a los militares a desobedecer las órdenes para preservar la seguridad de los hondureños en estos días de protestas violentas en varias ciudades de ese país.

 

La comunidad internacional no puede estar ajena a la situación que se vive en el país centroamericano, pero debe saber que quienes se dicen víctimas de un fraude no son ni por asomo, los demócratas que dicen ser. A diferencia de lo que esa oposición dice, el gobernante Partido Nacional no avasalló a nadie, como lo hace Nicolás Maduro en Venezuela.

 

La oposición tuvo espacios en los medios, incluso, para mentir y exhibirse sin escrúpulos de ningún tipo, como lo hace Salvador Nasralla en este video http://bit.ly/2Aa3nPN donde señala que los empresarios preocupados por las protestas callejeras deberían preocuparse mejor porque hay policías que le han dicho que tuvieron ordenes de asesinar a algunos empresarios “para culparnos a nosotros”. De ese tamaño es la perversidad de este personaje que hizo de la campaña una competencia entre “el bien y el mal” y que ahora, frente a lo cerrado de la competencia, parece estar dispuesto a incendiar el país antes que regresar a sus programas de concursos en la televisión hondureña.

 

Ciudad de México.- Por Mayra Jazbeth Martínez Pérez.