“Hijos de P…”

Te das cuenta que las cosas no andan bien cuando aquel que se jacta de ser un académico y de representar una nueva casta política, más decente y ponderada, se expone en televisión como un vulgar irreverente más.

 

Que un candidato presidencial le diga a su adversario “hijo de puta” en vivo y en directo, es un hecho inédito. Eso no se había oído ni en lo más rancio de la clase política que ha aspirado al poder en este país.

 

 

Los foros televisivos en Honduras poco han servido para educar y orientar a sus audiencias, por el contrario, se han convertido en auténticas fábricas de desprestigio, improperios, injurias y calumnias.

 

Muy pocos invitados usan estos espacios para exponernos sus ideas mediante diálogos abiertos y constructivos, porque su único afán es destruir la honorabilidad del adversario y sembrar la desesperanza hasta que germine el odio en el corazón de cada hondureño.

 

Pero cuando creíamos haberlo visto todo en estos foros, desde payasos con chalecos antibalas hasta políticos rabiosos lanzando vasos contra sus detractores, viene un candidato presidencial que se forjó en la academia y se suma a este circo mediático calificando a sus adversarios políticos como “hijos de puta”.

 

Sin duda al candidato Luis Zelaya las cosas no le están resultando bien pero ante la adversidad, la ira y la rabia es el peor de los consejeros.

 

Zelaya debe saber, a estas alturas, que no es en un debate donde podrá ganar simpatías para salir de ese tercer lugar en las encuestas.

 

Pero para qué quiere un debate Luis Zelaya:

 

Para lavarle la cara a un partido que no hizo nada por la seguridad, la educación y la salud de Honduras.

 

Para pedir perdón a los hondureños por habernos llevado como país a la peor crisis política de la historia.

 

Para decirle “hijos de puta” a quienes sí gozan de respaldo popular y tienen el valor de presentarse nuevamente a las urnas con la frente en alto.

 

Luis Zelaya debe primero debatir con los liberales. Ellos son los que le piden de corazón que deje a un lado la soberbia, la prepotencia, la altanería.

 

Son los liberales los que le piden que abra los espacios y se despoje de esas argollas arcaicas y viciadas que mantienen a ese partido en el sótano de la aceptación popular.

 

Luis Zelaya debe saber que si no controla sus bajas pasiones en un foro televisivo, mucho menos lo podría hacer con quienes tienen el respaldo de las masas. Esa madurez se forja en el fragor de la vida política y el respeto a la dignidad humana en el seno del hogar.

 

Esta es una campaña en la que debe convencer a un electorado que hoy tiene como referente lo que un buen gobierno puede hacer por el país.

 

Hoy el electorado lo que demanda son resultados, las rabietas de un incipiente político fracasado poco le importan porque no es eso lo que le quita el hambre ni le da un techo digno, un piso de cemento, una letrina o un filtro de agua.

 

A estas alturas, Luis Zelaya debe saber que para un ser humano no hay nada más sagrado que su madre y por eso, es inaceptable que entre tantos improperios que pudo usar para intentar descalificar a sus adversarios, se haya decidido por el que ofende la dignidad de la mujer.

 

Que Dios bendiga e ilumine a Luis Zelaya, a su madre Martha Elena, a su esposa Anna Lucía y a sus bellos hijos.

 

La madre a la que hoy ofendió en televisión, doña Alba Marina, goza de la paz del Señor y en la Tierra no dejó mejor legado que el de haber procreado hijos y hacerlos hombres y mujeres de bien.