Debatir contra un “Magufo”

Un debate es una herramienta comunicativa importantísima para las democracias actuales y en pequeña escala para nuestro día a día; y es que gracias a esta herramienta, podemos obtener varias opiniones acerca de un mismo tema. Su finalidad, aunque no es la de convencer, sí es la de poner en el conocimiento de todos las opciones u opiniones con las que se cuentan, por tanto, es una herramienta de lo más enriquecedora para la sociedad, que deja a un lado aquello de que alguien posee la verdad absoluta; y es que hay veces que esa verdad se conforma de la opinión de varias personas.

 

Cabe destacar que debatir con alguien que acostumbra utilizar la falacia en su día a día, cuyos argumentos se basan en el populismo y en la omnipotencia, es una pérdida de tiempo tanto para el contrincante y el espectador.

 

Pude observar últimamente como un candidato presidencial, trasnochado y con síntomas de padecer un trastorno conocido como “Dunning Kruger”, al verse enredado por su propia lengua, ha buscado desesperadamente cambiar el tema y que se hable más de como bufa, solicitando un debate al que va encabezando las encuestas.

 

Muchos indican que explícitamente sería una pérdida de tiempo el debate, el dialogo y el consenso con los denominados “magufos” (gente de pensamiento mágico, defensora de las pseudociencias, las supersticiones, los mitos, etc.), alegando que es imposible hacer que reconozcan errores, claudiquen en su postura y se retracten por ser altamente necios y soberbios.

 

¿Valdrá la pena, debatir con alguien que se arrepiente de todo lo que dice?