El artículo del New York Times

Un título original en primera plana del 7 de octubre de 2017 es “After 78 killings, a Honduran Drug Lord Partners with the U.S.” que en una interpretación libre sería “Después de 78 asesinatos, un capo hondureño de la droga hace alianza o se asocia con Estados Unidos”.

 

Este artículo tiene evidente intención de influir el proceso electoral de Honduras, tanto por su contenido un poco volátil y extemporáneo como por la oportunidad de su publicación.

 

El New York Times es un medio de comunicación de influencia en Estados Unidos. Su orientación ideológica es considerada de centro izquierda y en tal sentido, promueve las causas asociadas a su ideología y se opone a las de centroderecha, sin perjuicio de procurar el cumplimiento de los estándares éticos del periodismo. Durante la reciente campaña presidencial en Estados Unidos, el NYT favorecía al Partido Demócrata y criticaba a los republicanos. Juramentado el nuevo presidente, Donald Trump, el NYT ha tenido acres disputas con la Casa Blanca.

 

Consistente con su posición ideológica, en sus páginas se publican artículos que hacen la apología de los Gobiernos y líderes surgidos del Foro de Sao Paulo, siguiendo en muchos casos el modelo de los Castro y Hugo Chávez, bajo la bandera del socialismo del siglo XXI.

 

La experiencia ha demostrado que el saldo de esos gobiernos ha sido la corrupción y la impunidad a niveles sin precedentes en América Latina, la imposición electoral, la dilapidación de los ingresos provenientes de los recursos naturales durante la bonanza petrolera, dejando a sus pueblos en la más absoluta desesperación política, social y económica.

 

En cambio, Honduras, después de salvarse de la aventura del socialismo del siglo XXI, tiene ahora una economía de exportación en etapa de recuperación y crecimiento, goza de una moneda estabilizada, dispone de reservas de divisas para seis meses, o más, para sus importaciones.

 

Como quiera que sea, los periodistas de extrema izquierda alaban a los gobiernos de izquierda y aplauden las acusaciones populistas lanzadas contra el Gobierno de los Estados Unidos. Si eso hace contra su propio país, ¿qué no podrán hacer contra países que celebran procesos democráticos con amplia observación internacional y no se suman a la infamante retórica contra Estados Unidos?

 

Los autores del artículo del NYT, además de ser reporteros de investigación, también son conocidos por su identificación con causas y dirigentes de izquierda, como Hugo Chávez, Evo Morales, los hermanos Castro, etc.

 

Aspecto impactante del artículo del NYT es que revela que la Fiscalía Federal, después de negociar con el señor Salvatore Gravano -que había ejecutado a 19 personas en su condición de subjefe de la familia criminal Gambino de Nueva York- se convirtió en informante del Gobierno terminando, por medio de su testimonio, con el jefe de la Cosa Nostra John Gotti; por sus 19 asesinatos recibió una pena de cinco años, luego la condición de testigo protegido y más tarde reincidió en el delito de distribución de alucinógenos (éxtasis) en Arizona. Pero el acuerdo de otorgar un trato indulgente a un capo de la droga que confesó haber asesinado a 78 personas entre el 2003 y 2013, con posibilidad de obtener la condición de testigo protegido resultó, cuando menos, desconcertante.

 

Entre los asesinados figuran el zar antidrogas de Honduras, general Arístides González, el asesor del gobierno Alfredo Landaverde y 76 personas más, incluyendo abogados y periodistas.

 

Arístides González y Alfredo Landaverde.
Arístides González y Alfredo Landaverde.

 

¿Podría llegarse a un acuerdo similar en Honduras en aplicación de un proyecto de ley que conoce actualmente el Congreso Nacional? Pregunta difícil de contestar.

 

El artículo del NYT revela la aflictiva situación a que el tráfico de la droga y sus carteles habían llevado a Honduras, donde se habían venido tejiendo entendimientos entre los narcotraficantes, familias destacadas en política y en la banca para el lavado de activos y las instituciones y órganos operadores de justicia. Una situación trágica que hizo crisis en el período comprendido entre 2003 y 2013, que se nos presenta como un daño colateral de la puesta en marcha del Plan Colombia que indujo a los capos a explorar nuevas rutas para llevar la droga a los mercados de los Estados Unidos y Europa: por los cielos, mares y caminos de Centroamérica.

 

El reportaje relata detalles del proceso judicial contra un hondureño en una corte federal, pero también destaca que la fragilidad institucional de Honduras frente a la agresividad de los carteles de la droga comienza a revertirse de manera sostenida desde enero de 2014, con el presidente Juan Orlando Hernández, por medio de la depuración de la Policía, las reformas penales, la creación de la Policía Militar de Orden Público, y la coordinación de los entes responsables de la aplicación de la justicia (Fiscalía, Policía, Poder Judicial y el establecimiento de un sistema penitenciario eficaz).

 

El artículo del NYT podrá interpretarse de diversos modos, según conveniencia, y seguramente se esgrimirá como bandera de campaña, de uno y otro lado, durante los próximos 36 días. Pero una cuidadosa lectura de su contenido nos debería inducir a una profunda reflexión sobre los aspectos delicados que hemos comentado.

 

Por Carlos López Contreras

 

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